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Ilustrador amateur VS Ilustrador profesional. ¿Cuál eres tú?

Madame Bizarre

Madame Bizarre

Ser ilustrador profesional es más una cuestión de actitud que de aptitud. 

Dedicarse a ilustrar no es una tarea sencilla, y no porque no hayan oportunidades dentro del sector, que sí las hay, sino porque no sabemos cómo ejercer nuestra profesión. Es cierto que cada vez más tenemos más recursos, más profesionales especializados dedicados al asesoramiento y sobre todo la ayuda de Internet.

El problema reside en que no sabemos que debemos cambiar nuestro enfoque y convertirnos en hombre y mujeres de negocio, saber sobre marketing, crear nuestra marca personal, aprender a vendernos y sobre todo, estudiar nuestra propia profesión.

Muchos ilustradores que quieren entrar al «mundillo del arte» desconocen toda esta parte y más adelante se dan cuenta que prefieren tener todo lo artístico como hobby y profesionalmente dedicarse a otra cosa.  Sienten su creatividad cortada.

Vamos a analizar a estos dos tipos de ilustradores para que puedas saber cuál eres tú y si quieres cambiar de bando.

El ilustrador amateur

Dentro de este sector nos encontramos con dos tipos que, si bien hay diferencias entre ellos, lo que tienen en común es que siguen viendo la ilustración como un hobby y no lo enfocan como un trabajo.

El que lo hace como pasatiempo

Son personas que disfrutan y les apasiona el dibujo y la pintura y lo hacen exclusivamente en su tiempo libre. Tienen otra profesión y utilizan el arte como medio de expresión personal. Les ayuda a conectarse consigo mismos y no tienen más pretensiones que el de hacerlo por puro placer.

No es raro que este tipo de personas  piensen de sí mismos que son ignorantes, se dediquen a formarse en sus ratos libres y ver como muchos superan en conocimientos  a otros artistas profesionales, que desconocen muchos aspectos técnicos. Incluso en técnica pueden llegar a adquirir un nivel avanzado.

Ilustrador principiante que desea ser profesional

Son ilustradores autodidactas o con formación reglada que acaban de aterrizar en el mundillo. Están perdidos y no saben muy bien cómo adentrarse, cuál es su territorio de juego ni a qué puertas deben empezar a llamar.

Saben que quieren dedicarse de manera profesional pero siguen viendo la ilustración como un hobby y el enfoque es el mismo que el que lo hace como un pasatiempo.

Se caracteriza por:

  • Crear sólo cuando se siente inspirado.
  • Dibujar sólo lo que le gusta.
  • Estar más pendientes de los likes, seguidores y fans de las RRSS que de los potenciales clientes o contratadores.
  • Estar constamente improvisando por falta de objetivos y estrategia.
  • Aceptar trabajos mal pagados o gratuitos para engordar el portafolio.
  • No valorarse como profesional.

 

VENTAJAS

  • Hay más disfrute del proceso creativo y del aprendizaje.
  • No hay prisas para acabar las obras.
  • Simplemente creas lo que quieras y cuando te apetezca.
  • Te olvidas de clientes, fechas de entrega y encargos que no deseas hacer.
  • Puedes experimentar con más libertad tu estilo creativo.

 

INCONVENIENTES

Si eres ilustrador principiante:

  • Pocos encargos y muy mal pagados.
  • Lidiar con clientes que no te valoran y lo quieren gratis.
  • Estás improvisando todo el tiempo, no hay objetivos ni estrategias a seguir.
  •  

Si sólo es tu hobby:

  • Quedarte con la espinita de: ¿Y si me hubiese atrevido?

 

El ilustrador profesional

Los profesionales del sector, autodidactas o formados, disponen del conocimiento técnico que les permite hacer su trabajo, pero lo que los diferencia del amateur es que han cambiado hacia una mentalidad de negocio. Han reorientado por completo su hobby hacia algo que le es rentable.

Formación técnica

 

En el caso del dibujante profesional, aunque es fundamental ver en el dibujo el lado placentero (se tiene que trabajar de otra manera, ya que el dibujo forma parte también de su trabajo y esto dificulta el disfrute), éste tiene que formarse como tal. Hay muchos ilustradores que se formaron de manera autodidacta, mientras que otros prefieren estudios reglados. Realmente, sea cuál sea la manera que escojamos, vamos a tener que formarnos en unos temas determinados y tendremos que ser autodidactas toda nuestra vida, ya que no dejamos de aprender nunca.

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El profesional debe conocer de técnicas (digitales, tradicionales o ambas), de anatomía, de perspectiva, de composición de la imagen, de iluminación, del color y sus usos, etc  Debe comprender cómo funciona una imagen, qué tipo de ilustración encaja en el sector en el que se quiere especializar, etc Su formación debe ser mucho más amplia, dedicándole varias horas al día.

No sólo acaba ahí su formación, debe realizar un trabajo excepcional, tanto en la forma de hacerlo como en el producto final que entregue al cliente. Puede trabajar de forma freelance o para una agencia o empresa, en la que debe cumplir con los plazos de entrega y con horarios. En el caso que trabaje por cuenta propia, aparte de hacerse cargo de gastos fijos al mes que no sabe si podrá cubrir (seguridad social, la luz, agua, internet, etc), debe aprender a captar clientes y tratar con ellos, comprendiendo e interpretando qué necesita o requiere para poder ofrecerles un mejor servicio. Debe saber cómo cobrar su trabajo, realizar presupuestos y contratos, saber venderse y promocionarse, crear un artbook atractivo, detectar nichos de mercado, etc . Es decir, necesita comprender cómo funciona su profesión, a la vez que realiza una introspección y se conoce a sí mismo.

Mientras que el dibujante amateur no debe preocuparse por los resultados obtenidos, ya que éstos irán mejorando con el tiempo a medida que  va practicando, el profesional sí debe hacerlo de manera consciente. Éste último debe aprender más rápido, pulir su técnica para poder producir más en menos tiempo y conseguir más clientes (su tiempo también vale dinero, como cualquier otro profesional).

Hay mucho trabajo detrás de todo ilustrador profesional, que no vemos, porque tenemos la misma visión romántica del dibujante amateur, que dibuja en sus ratos libres y relajado (esperando a estar inspirados inclusive), cuando la realidad no es así. La ilustración es una profesión que exige unos horarios, facturas que pagar, ir detrás de clientes morosos y la mayoría de las veces mantener una familia.

Los ilustradores profesionales no esperan para estar inspirados para ponerse a trabajar, deben hacerlo siempre, siguiendo los horarios que se hayan establecido y cumpliendo plazos de entrega. Parte de nuestro trabajo es también mantenernos inspirados siempre que podamos y saber cuándo parar y recargar las pilas.

Casos que confunden

Cuando el profesional lo es y se comporta como amateur

El dibujante que lo hace por placer, se siente altamente reconfortado cuando valoran su obra, hablan de él, le «piden» un dibujo gratis o incluso cuando le dicen que su estilo se parece al de tal artista. El amateur se expresa artísticamente, le sirve como momento de estar consigo mismo, de desahogo, y para aumentar su autoestima. Si ese trabajo encima es bien acogido por los demás y valoran su evolución, se sentirá mucho más seguro.

Ahora bien. El profesional no dibuja para recibir buenas críticas de los demás. Aunque las reciba porque es muy bueno, no es el cometido final, sino el de que le paguen por dibujar o diseñar. No se nos puede comprar con elogios y publicidad gratuita, o como ya he visto alguna vez, concursos cuyo premio es que tu ilustración sea la portada de un libro infantil (¿hola? ¿mi premio es que te aproveches de mi trabajo?) Incluso, que digan que nuestro estilo se parece al de otro artista puede llegar a ser insultante (y mucho neófito lo hace sin mala intención, pensando que te elogia, cuando en realidad lo que buscamos es diferenciarnos de los demás).

No dibujamos para expresarnos únicamente sino para retransmitir de la forma más fiel lo que nuestro cliente nos pida. Esto no significa que nuestros trabajos sean fríos y carentes de emociones o personalidad. Como ya comentaba en el post del estilo artístico, nuestra forma de trabajar y nosotros mismos estamos presentes en nuestros trabajos, hasta en el diseño más publicitario o empresarial que hagamos, ya que es nuestra interpretación de algo existente. Pero para poder interpretar lo que el cliente quiere, necesitamos formarnos. De la misma manera que elegiremos trabajar en temas con los que nos sintamos identificados, seguros y que vayan con nosotros y no en contra de nuestras creencias o principios.

Muchos ilustradores, aparte del trabajo profesional, por su cuenta crean ilustraciones personales que también añaden al portafolio y que también les traen más trabajos. Un ilustrador no deja de ser artista y sabe cómo expresarse artísticamente. En estos casos, hay también un factor «profesional», por lo que tampoco estamos hablando de dibujar por amor al arte, es decir, regalar tu trabajo porque disfrutas haciéndolo.

Sí, amamos el arte, la creación y nuestro trabajo, pero eso no significa que no cobremos por ello.

¿Qué pasa con muchos ilustradores que empiezan?

Es el caso de muchos de nosotros sobre todo cuando empezamos y no nos tenemos confianza, nos sentimos abrumados por todos esos artistas que admiramos y que todavía vemos muy lejanos.

Es la situación del ilustrador que quiere ser profesional, incluso se define así, pero se comporta como amateur. Se trabaja gratis o muy barato pensando que la aprobación de gente que no tiene ni idea y que le dice de  poner su nombre en los carteles, es un premio que encima le ayudará a ser «famoso». Piensa que los demás le hacen un favor haciéndole un encargo, sin darse cuenta de que ellos se van a beneficiar de lo que haga sin sacar absolutamente nada, bueno algo si , la sensación de que abusan de uno y de su trabajo.

Este tipo de semiprofesionales son los favoritos de los caraduras, de los ya te pagaré cuando seamos famosos o con esto todo el mundo verá tu nombre y te contratarán.Esta situación es confusa para los ilustradores que empieza, que todavía mantienen el chip amateur de buscar el elogio y la aprobación. Este tipo de clientes, que realmente no valoran su trabajo, «llaman» a más clientes que harán lo mismo (hacerle favores para que otros le contraten) y el ilustrador  mientras tanto a crear gratis esperando que alguien se fije en él. Pensemos que  estos aprovechadores (prefiero llamarlos así) que le están calentando la oreja, la mayoría de las veces ni siquiera piensen que su trabajo sea bueno, lo hacen únicamente para tenerlo contento y que siga trabajando gratis. Les vale cualquiera que lo haga sin cobrar, sea malo o bueno. Si realmente apreciaran, como dicen, lo que hace  lo pagarían sin ponerle pegas y lo recomendarían a sus conocidos sin que ésto último sea parte del pago prometido.

La ilustradora española Bea Tormo lo explica de esta forma tan divertida y acertada:

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La solución para salir de esa situación es en primer lugar, vernos realmente como profesionales, para que los demás puedan vernos de la misma manera. No importa que no tengamos aún suficiente experiencia, es más, nos daremos cuenta que todos empezamos con muchísimas lagunas y que aprendemos sobre la marcha, así que no hay que tener miedo de empezar a rodar. En segundo lugar comprender cómo funciona la profesión de ilustrador, saber cuáles son nuestros derechos y obligaciones. De esta manera podremos poner límites, cuidaremos lo que produzcamos y nos valoraremos mejor como profesionales.

A quién se encuentre en esta situación, buenas noticias: hay sitios online muy buenos que tratan todos estos temas en profundidad y que facilitan a su vez más recursos. También es muy recomendable entrar en contacto con Asociaciones de Ilustradores y saber si tu ciudad cuenta ya con una.

Ilustrando dudas– Nació de la mano de la ilustradora Io Bru. Como ellos mismos se definen en su web: «Es una plataforma on-line que se dedica a informar, formar y asesorar a los ilustradores noveles que están empezando su carrera como ilustradores freelance en España o en Latinoamérica, con el objetivo de mejorar la realidad profesional de nuestro sector y facilitar a los nuevos ilustradores su incorporación como profesionales serios y bien formados.» Tienen también canal de youtube y página en Facebook (muy activa).

Guia ninja del ilustrador– Desde AGPI  (Asociación Galega de Profesionais da Ilustración) nos llega este maravilloso documento como «kit de supervivencia» para el ilustrador freelance en el que abarca todos los temas pertinentes. Aunque los distribuyen en papel, pueden descargarse de manera gratuita en formato pdf en la misma web, tanto en gallego como en español.

Nuevo Libro blanco de la Ilustración– El libro por excelencia de todo ilustrador y de obligada lectura. Sumamente completo y extenso, es más que una guía que se puede descargar de forma gratuita en pdf

¿Y esos ilustradores qué son muy buenos y qué no tienen el trabajo que se merecen y otros más mediocres si lo tienen?

Hay otros casos de ilustradores semiprofesionales, o profesionales comportándose como amateur, un poco distinto al anterior. Es aquel que ha alcanzado muchísima técnica y destreza, inclusive son conocidos por Internet, con muchos seguidores en Facebook o Instagram y cada ilustración recibe, además muchísimos comentarios de elogios de fans.

No es el caso de todos, pero los hay que con semejante portafolio no consigue trabajo como ilustrador y se quejan, ya sea porque nadie está dispuesto a pagar lo que vale realmente la ilustración, porque ninguna empresa o agencia los contrata o el motivo que sea.  Alguno, incluso, consigue vender algún tipo de merchandising en alguna web tipo Society6, pero que realmente no le da para mantenerse y necesita otro trabajo, convirtiéndose la ilustración en un hobby (en el que es muy bueno, pero en un hobby al fin y al cabo).

¿Porqué pasa esto? Ocurren dos cosas, en primer lugar es posible que el ilustrador no haya salido de la necesidad amateur de buscar el elogio y utilice su trabajo para inflarse el ego. Por otro lado, que es de hecho la razón principal,  no conoce su profesión.

Por eso es importante la formación en ambas direcciones. No vale sólo ser bueno y dibujar porque sí para que alguien te compre, te contrate o te haga un encargo. Hay que trabajar muchos frentes, que desgraciadamente el que se encuentre fuera del ámbito creativo, es incapaz de ver.

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Patricia González | Madame Bizarre

Patricia González | Madame Bizarre

Ilustradora y diseñadora.
Activa desde 2005 he trabajado como freelance e impartiendo talleres artísticos. Actualmente me dedico en cuerpo y alma a Madame Bizarre, mi marca de moda urbana e ilustrada.

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