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2 grandes motivos por el que nos cuesta cobrar nuestro trabajo artístico.

Madame Bizarre

Madame Bizarre

Nos encontramos con una sociedad que no valora las profesiones creativas, y el problema es que nosotros mismos tampoco lo hacemos.

Pensamos en nuestra profesión como un hobby y debemos romper esa delgada línea entre trabajo y pasatiempo.

Hay mucha fascinación con la destreza del artista, se ve como algo fuera del alcance de cualquiera y se admira su capacidad, pero a la hora de la verdad no se valora de forma real ni es vista como una profesión más.

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¿Alguien sabe el nombre del dibujante de esta tira?

Esto se traduce en trabajos mal pagados, miedo a cobrar de más, que nos pidan trabajos gratuitos a cambio de publicidad, etc

¿Por qué ocurre esto? Por qué cuesta tanto que se nos pague por nuestras creaciones?

El problema reside en que tanto nosotros como ilustradores y nuestros clientes no valoramos las profesiones creativas como se merecen. Y es nuestra responsabilidad, como profesionales del sector, a empezar a educar al cliente (o a cualquiera fuera del mundillo) para que éste se convierta en un trabajo rentable como cualquier otro.

Existen, a mi parecer, dos grandes motivos que hacen que nos cueste tanto cobrar y que nos paguen por nuestras obras.

 

1. Nuestra educación

Si nos fijamos en nuestra infancia o incluso de forma inconsciente hacia nuestros hijos, nos daremos cuenta que ya estamos enseñando que todo lo creativo no tiene valor ni puede ser una profesión real.

  • Tenemos capacidad para escribir, cantar o dibujar, entre otras cosas y que nos sirve para comunicar y expresar. Sólo el escribir seguimos haciendo de adultos sin importar si lo hacemos mal o bien, a pesar que la escritura es también un proceso creativo como las anteriores.

 

  • Cantar o dibujar se considera prescindible y rápidamente somos comparados con otros que lo hacen mejor, se nos corrige y nos hacen notar que es algo infantil y que debemos ir ya abandonando al hacernos mayores.

El niño comienza a tener vergüenza de sus propias creaciones y va dejando de hacerlo, incluso en su intimidad.

 

  • Lo mismo ocurre cuando crea muñecos con plastilina, colorea, aporrea instrumentos, inventa historias, crea personajes… Los adultos «corrigen» por el bien estético o por el «sentido común» destruyendo lo que el niño creó. Aprendemos que lo que inventamos y sale de nosotros está mal, porque somos pequeños y no tenemos experiencia y eso se traduce en que no valemos lo suficiente. Vamos creciendo con esta idea, pensando que los demás son mejores que nosotros.

Cuando somos adultos y nos tenemos que enfrentar con la creatividad, con eso que aprendimos que no era para nosotros y que hacíamos mal, vuelve la vergüenza infantil y el yo no puedo o el no tengo el don…

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Se piensa que estas actividades infantiles no son propias de los adultos, por lo que se le enseña que  debe centrarse en cosas más serias  que le servirán para el futuro.

De niños pintamos nuestras emociones

Hace poco hice un curso introductorio sobre «El color y las emociones en el dibujo infantil» de mano de la grafopsicoterapeuta Judit Cueto a través de su web Garabatos y Dibujos. En él explicaban que los niños desde los 4 a los 7 años de edad aproximadamente hacen un uso emocional del color, pintando  los objetos tal y cómo lo sienten, dejando de lado el color real, como un gato azul, un sol verde… Es a medida que crecen que van incorporando «realidad» a sus creaciones. ¡Cuánta información sacaríamos de estos dibujos si dejáramos de pensar que el niño pinta «mal» y supiésemos leer entre líneas. ¿Cuántas veces hemos oído a adultos preguntarle a los niños «¿porqué has dibujado una pizarra rosa, no ves qué es negra?», creándoles inseguridad y matando su expresión. A mi particularmente, recuerdo que una profesora de primaria me hizo repetir un ejercicio creativo sólo porque a ella no le gustaba.

Con esta educación artística tan deplorable, es normal que nos convirtamos en adultos con la creatividad y el ingenio estancados y con miedo a probar y experimentar.

 

2. Nuestra mentalidad amateur

Siendo ya adultos, tuvimos claro que queríamos convertir nuestro hobby en nuestra profesión. La cuestión aquí es cambiar el chip de artista amateur a profesional y no es tan fácil como parece. Lo más probable es que disfrutemos con lo que hagamos y/o lo hayamos hecho desde niños o muy jóvenes. Esto dificulta las cosas, ya que en el fondo no lo vemos como un trabajo, sino como un hobby que da dinero.

Otra situación típica aquí es ponernos a crear, publicar en redes sociales y esperar que nos contraten o nos hagan encargos. Esto puede ocurrir, claro, pero no deja de ser un trabajo precario y tarde o temprano tendremos que buscarnos algo más rentable.

El artista amateur no tiene mentalidad de negocio ni se ve así mismo como marca personal y mucho menos piensa en marketing o su público objetivo. Es fundamental trazarse metas, estudiar bien la profesión y ver qué oportunidades de negocio hay en el mercado.

La mayoría de los artistas somos freelance o empresarios individuales. Si bien hay algunas diferencias entre estas 2 figuras, lo que es común entre ellas es que dependemos de nosotros mismos para poder comer y pagar las facturas.

Necesitamos si o sí tener mentalidad de negocio y enfocar nuestra profesión en base a objetivos claros.

Esto significa crearnos un portafolio, una imagen corporativa, una web, un blog enfocado a que nos contraten o a vender nuestra obra. Esto repercute en el día a día, ya que tendremos que establecer horarios fijos, tanto para temas administrativos, como para creación de nuestra obra.

Lee: Ilustrador amateur VS Ilustrador profesional. ¿Cuál eres tú?

Debemos educar al cliente

Teniendo esto claro, podemos entender que el cliente no es 100% culpable de no valorarnos ni de querer pagarnos, ya que lo más probable es que si estamos empezando  también pensemos lo mismo y por eso aceptemos trabajos muy mal remunerados.

Tanto si trabajamos con clientes que no nos valoren, como con los que sí lo hacen,  atraeremos clientes similares. Sólo tenemos que elegir en qué círculo queremos movernos y qué tipo de encargos queremos recibir.

La clave aquí es:

  • Saber elegir nuestros proyectos y decir NO a lo gratis, lo que no nos interese ni aporte nada a nuestro portafolio.

 

  • Al encargo que digamos que sí, debemos dejar bien claro en un contrato todas las condiciones del trabajo a realizar. Esto es fundamental para evitar sorpresas, para poder exigir luego si algo se tuerce y le da mucha más seguridad al cliente, ya que sabrá que está contando con un profesional.

 

FUNDAMENTAL

  • Hablar claro, explicarle al cliente cuáles son nuestras condiciones, formas de pago, el tiempo que nos llevará el encargo y no tener ningún miedo a preguntar. Debemos explicarle cuál será nuestro proceso de trabajo, solventarle dudas y demostrarle que somos expertos en nuestro sector.

 

  • Si el cliente nos percibe como un profesional serio, cumplidor y confiable, no sólo nos pagará lo que le pidamos, sino que seremos la primera persona que recomiende. Tendremos que ser sinceros y cumplir con nuestros plazos. Si exigimos clientes comprometidos y de calidad, también nosotros tendremos que serlo.

 

  • Debemos marcar nuestros límites para que no abusen de nosotros. Algunos trabajan en casa o con horarios indefinidos y es muy fácil quedarnos hasta tarde trabajando en el proyecto, hacerlo en festivos o fines de semana. También es habitual contestar el teléfono en horarios fuera de oficina o contestar rápidamente a los whatsapp del cliente… Establezcamos qué días de la semana vamos a trabajar y en qué horarios estamos disponible para nuestros clientes y se lo hacemos saber. Así, si  nos llama a las 23.00h simplemente, no le atendamos el teléfono y ya le llamaremos a primera hora del día siguiente.

Conclusión

El hecho de que nos enseñaran a desvalorizar nuestras creaciones desde pequeños, es el mismo motivo que hace que no valoremos luego el trabajo creativo de un profesional.

Lo seguimos viendo como algo de niños, un juego que algunos adultos no dejaron de jugar y que les divierte.

Por eso se piensa que dándonos un encargo sin cobrar y haciéndonos publicidad a cambio, nos hacen un favor. Creo que si todos desarrolláramos nuestra creatividad, ya lo hagamos mejor o peor, con más o menos talento y sin enjuiciar, se valorarían mejor estas profesiones como son las de ilustración, diseño, fotografía, escritura, música, etc.

Tampoco se valora todo ese conocimiento adquirido, de los fallos y los aciertos, de experiencias anteriores con otros clientes, libros leídos y estudiados… Aprender y saber hacer nuestro trabajo no es algo fácil ni placentero siempre, nos toca entrar en temas aburridos, desagradables, pesados y tediosos, así como muchos  estimulantes y divertidos (como cualquier profesión).

Cobramos por los que SABEMOS hacer, no por lo que HACEMOS.

¿Qué otros motivos crees que existen para que nos cueste cobrar por lo que sabemos hacer?

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Patricia González | Madame Bizarre

Patricia González | Madame Bizarre

Ilustradora y diseñadora.
Madame Bizarre es mi marca de camisetas ilustradas genderfree donde vuelco toda mi creatividad.

4 respuestas

  1. Hay que educar al cliente, y eso es tarea del profesional. Si muchos de los profesionales se «bajan los pantalones», en cierto modo están favoreciendo esas actitudes. Los profesionales deben ponerse firmes.

    1. Así es. Para poder educar al cliente primero debemos nosotros mismos conocer nuestra profesión. Creo que la mayoría de las veces, este abuso por parte de los clientes vienen de no conocer cómo funciona nuestro trabajo, qué derechos y obligaciones tenemos, etc Gracias por comentar 🙂

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